20 June, 2012

La mano que mueve al #YoSoy132

Cada vez resulta más evidente que detrás del movimiento #YoSoy132, existe una cuidadosa organización político electoral que, se quiera ver o no, busca fines partidistas, dispone de recursos económicos ilimitados y cuenta con protección de distintos niveles de gobierno.
El mejor ejemplo lo vimos el pasado viernes, en el Estadio Azteca, adonde llegaron cientos de jóvenes bien organizados, con boleto entregado previamente, a los que coordinaban profesionales de la arenga y que —gracias a una suerte de milagro— les permitieron el ingreso con pancartas y hasta una manta gigante que simulaba una camisera.Está claro que la movilización estudiantil nada tenía que ver con el grosero acarreo que promovió el PRI al mismo estadio. No, los “estudiantes” se movilizaron en grupos pequeños, se encontraron en puntos específicos, desde donde fueron resguardados todo el tiempo —y durante todo el juego— por la policía capitalina y por líderes que entregaron desde boletos, listas de consignas y vales para intercambiar con “cubeteros”.Por eso la pregunta: ¿quién financia, organiza y da protección a jóvenes como los que el pasado viernes repudiaron a EPN en el Azteca, pero que horas antes se movilizaron frente a Televisa, y luego lo hicieron contra tal o cual candidato, en tal o cual entidad del país? Está claro que —a pesar de la ingenuidad colectiva— no se trata de un movimiento espontáneo o apartidista. Y si no es todo eso… ¿Qué es? Vamos por partes.

La mano y el garrote

Hoy todos saben que la estrategia utilizada por AMLO en la elección de 2012 se opone a la empleada en 2006. En ese año, Obrador sintetizó en su figura tanto la crítica y la denuncia como la propuesta y la posibilidad de un cambio. En 2012 ese error debía ser corregido y, por eso, se creó la república amorosa.Pero hasta los primeros días de mayo, el “amor” era sólo una parte de la ecuación, a la que faltaba su contraparte; la denuncia y el golpeteo. Entonces apareció —de manera planeada, pero nunca imaginada a futuro— la protesta estudiantil de la Ibero, contra Enrique Peña Nieto.Y es que, en cuestión de horas, los estrategas de López Obrador vieron la veta y el filón que habían descubierto con la movilización estudiantil y, al estilo chileno, montaron la protesta juvenil en la más ambiciosa estrategia de campaña electoral. Esa que hoy tiene a AMLO a 15 puntos de distancia de Peña Nieto y que sigue avanzando. ¿Y quién está detrás de esa estrategia?Todos en las llamadas izquierdas dicen que la mano que mueve al #YoSoy132 —contra Peña Nieto— se llama Manuel Camacho, el mismo que desde el GDF —y con la anuencia de Salinas— financió los movimientos de protesta de AMLO, de Tabasco al DF; el mismo que —según no pocas voces— estaba detrás del alzamiento zapatista del EZLN, que estalló en diciembre de 1994.Y es que los pocos que estudian al #YoSoy132 —como fenómeno social y político— dicen que Camacho vio en el movimiento estudiantil chileno “la pieza del puzzle” que le faltaba a la campaña de AMLO. En otras palabras, que la idea original del movimiento estudiantil con fines político electorales es de Marcos Enríquez Ominami, ex candidato presidencial en Chile, hijo de Miguel Enríquez, fundador del MIR —Movimiento de Izquierda Revolucionario—, muerto por Pinochet.Resulta que MEO —como se le conoce en Chile— sorprendió en el proceso electoral de 2009-2010 al crear un movimiento independiente, apoyado por estudiantes que veían en él una causa para su unión y una figura nostálgica de su padre. El movimiento prendió con facilidad y Camila Vallejo —de las Juventudes Comunistas— adquiere el estatus de figura pública global.Uno de los primeros objetivos del movimiento estudiantil de MEO fueron los medios. Fueron satanizados y acusados de parciales, oficialistas y nada democráticos hasta que —gracias al activismo estudiantil— los medios doblaron las manos y colocaron de rodillas al gobierno. Con ello crearon un nuevo tipo de política; la política de los NO-políticos.Luego MEO se vinculó con la presidenta de Argentina, Cristina Kirchner, y empuja una inexplicable nacionalización del petróleo, mientras que en México se acerca a Manuel Camacho, quien se interesa en el estudio del fenómeno estudiantil chileno que —por sus características propias— surgió en universidades privadas.

Fuego a la pradera

Parte de la fuerza del movimiento #YoSoy132 se genera a partir de la creencia, casi generalizada, de que es un movimiento espontáneo. Las evidencias muestran lo contrario. Algunos líderes visibles son Mauricio Toledo, candidato por el PRD a la jefatura delegacional por Coyoacán, hijo del chileno Nelson Toledo, a su vez ex miembro del gabinete de Allende y conocido activista de la Unidad Popular. Cercano amigo del fundador del MIR, Miguel Enríquez y, claro, de MEO.También aparece Miguel Torruco Garza, activista permanente de los movimientos en CU y estrechamente vinculado a Mauricio Toledo. Torruco Garza es hijo de Miguel Torruco Marqués, a quien AMLO designó como futuro secretario de Turismo. Además, Torruco Garza es hermano de María Elena, esposa de Carlos Slim Domit, hijo del hombre más rico del mundo.Es visible el liderazgo de Gerardo Cornejo, estudiante de la UANL, activista de redes sociales y crítico de la IP regiomontana, en especial de Lorenzo Zambrano. Cornejo aparece vinculado al empresario Alfonso Romo, quien, a su vez, metió a López Obrador a la casa de los grandes capitanes regios. Por esa razón, además del diario La Jornada, el periódico Reforma se convirtió en uno más de los mayores foros de difusión y propaganda del #132 estudiantil.Como estratega de la logística y la organización, aparece Manuel Solares, operador político de Manuel Camacho. Activista del grupo disidente magisterial que se ha manifestado en forma violenta contra Televisa. También sobresale Epigmenio Ibarra, periodista, productor de Argos, responsable de la imagen de todo lo que realiza el #YoSoy132, y estrechamente vinculado a la familia Slim, y por años al diario La Jornada.El #132 se erigió a partir de autoproclamas de liderazgos. Es decir, que pequeños núcleos estudiantiles de cada una de las 50, 100 o 500 universidades que dicen estar representadas, se autoproclamaron líderes o representantes y, con su sola presencia, ya eran la voz y el pensamiento de tal o cual universidad.Y en el manejo de esas masas es donde entró —como anillo al dedo— la experiencia chilena de MEO, quien habría llegado a México en marzo de 2011 —según el INM—, presuntamente para capacitar a grupos estudiantiles de los tecnológicos de Mérida y Puebla y de distintas facultades de la UNAM, a lo largo de dos meses. Otros dicen que MEO es parte del staff de Luis Costa Bonino, el responsable del pase de la charola con empresarios, para la campaña de AMLO.El objetivo del #132 es reventar a Enrique Peña Nieto, al tiempo que llevar al triunfo a López Obrador. El #YoSoy132 es el ariete que pega en la credibilidad de EPN, al tiempo que exalta a Andrés Manuel López Obrador.

Itinerario Político | Ricardo Alemán

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